Hay que tener dignidad hasta para morirse (y así lo hizo)

Josué Erickson

Mi padre siempre lo dijo y se encargó de convertirlo, por lo menos en mi vida, en un lema para mantener la frente en alto por encima de las situaciones o adversidades. Mantener la postura, la dignidad, mi esencia como ser humano.

Repetirlo como un mantra me ayuda a seguir poniéndome en pie cada día a las 5:00 a.m. para ir a caminar al parque, aunque debo confesar que hay días que la realidad me gana; aún así vuelvo y levanto la cabeza para adoptar mi postura digna.

Cuánto más cansada, agobiada, triste o desilucionada, más sonriente, animada y agradecida: aquí la actitud es la que determina.

El Lunes 21 de diciembre empecé el nuevo ciclo de quimioterapia. Ahora es un solo compuesto (pero mas medicamentos), por lo que entre mi nuevo amigo el "fendramin" y los cambios de dosis, me siento "fuera del planeta" como dice Medrano. Mantener el ánimo me cuesta, y es increíble como un "no lo pienses" hace la diferencia entre un buen y mal día.

He extrañado mucho a mi padre, quien falleció hace unos años, no por la nostalgia del que parte, si no por la complicidad que teníamos para afrontar las situaciones. Siento como si me llamara todos los dias, como de costumbre, para preguntarme cómo estoy, o ponerse "guapito" porque quedé de llevarle algo y se me complicó con el día a día: "Todavía eres Liliana Erickson", decía.

La dignidad como la conocemos, mal apreciada por su sencillo y grandioso valor, es esa cualidad que mantenemos muy atesorada por ser el valor que nos damos como persona. Sin confundirla con ego o una patología narcisista, es la que nos define frente al espejo y es la culpable de las decisiones mas drásticas que podemos tomar. También es esa fuerza que nos mantiene en pie frente a cualquier reto y nos da el valor de enfrentarlo.

Mi papá me enseñó el significado de dignidad, y me lo demostró el día que partió. Nunca se quejó, siempre se mantuvo en pie, fue un verdadero guerrero. Su peor enemigo no lo pudo quebrar aún consumiendo el brillo de sus ojos y apagando su voz. Por ello lucho a conciencia, porque el cancer no lo hará tampoco conmigo.

Hoy 24 de diciembre es un día en el que solemos recordar, muchas veces con nostalgia, esas personas que significan una vida para nosotros (porque aunque no estén fisicamente, viven en nuestras almas); independientemente de cómo partieron o cuándo lo hicieron. Siempre digo que hay que dar en vida, porque luego no queda nada que hacer. La pandemia del COVID-19 me enseñó como tratar de mantenerme cerca, el cáncer quienes querían estarlo.

Hoy olvidaré los efectos secundarios del tratamiento, los malestares, el frío, la inflamación. Olvidaré que este ha sido un puto año, celebraré la vida recordando que un niño nació en un establo y trajo esperanza.

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.