Cuando pasas por el proceso de enfrentar un cáncer, la cirugía y los tratamientos, todo el entorno cambia la óptica desde la que se nos ve. De ser seres humanos con nuestros problemas cotidianos, pasamos a pertenecer al grupo de guerreros y sobrevivientes. Si bien, es una batalla que enfrentamos, un día a día que nos ganamos, la vida que teníamos no desaparece.

Las situaciones y problemas no se esfuman, en ocasiones empeoran y es cuando pasas balance de lo que era la vida como la llevabas.

El cáncer te enseña que la vida se puede acabar y la manera de llevarlo determina cómo será por el resto de tu vida: Enfrentando o  Eludiendo.  Es a partir de esa decisión que la vida se abre ante tus ojos.

Te das cuenta de que eres el único responsable del futuro que tendrás, que las decisiones que no tomes pasarán factura y lo que dejes de vivir será tiempo perdido.  Aprendes a valorarte y reconoces que eres un simple mortal con vida finita sin tiempo que perder.

Tenemos que enfrentar la nueva realidad de esta vida; sin embargo, la vida que teníamos antes sigue ahí.  Es cuando vienen los primeros conflictos, si eliges ser del grupo de luchadores, pues llegas a la realización de que la vida desde el pánico práctico solo te hundirá en un pozo del que no podrás salir.

Descubres que nada merece tus angustias, aunque las sientas, y que las personas que se fueron de tu lado en realidad nunca estuvieron, las que no se dieron cuenta nunca pertenecieron y hasta los que en un momento aparecen, solo dejan un aura de tristeza.

Aprendes a disfrutar de las simples cosas sabiendo que tu paz interior no es negociable y empiezas a respetarte como ser humano desde el concepto de la dignidad.

Rechazas todo y a todos los que transgreden tu integridad, desarrollando una conciencia sobre tu propia existencia descubriendo tu voz.

Estas dos dimensiones no están en paralelo, están superpuestas, por lo que nuestra vida es doble: Enfrentamos la batalla por nuestra vida y la batalla contra el cáncer.

Habrá días dónde estarás cansado, angustiado y hasta triste. Las expectativas sobre el futuro y los pasos que debes dar crean espacios de incertidumbre que solo podrán ser contrarrestados por el deseo de vivir y las ganas que le pongas para alcanzar ese objetivo. Lucharás un día a día por tu vida como la conoces y la sombra que nunca se va, sabiendo que cada momento cuenta, cada lágrima y sobre todo cada sonrisa.

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.