Desde siempre he escrito. Al principio, en mi infancia, disfrutaba tener un pequeño diario azul al que le contaba las hojas que le quedaban porque no quería que se llenara. A pasar los años, el diario se convirtió en una libreta de dibujo en la que, cuando no podía expresarlo con palabras, dejaba aflorar mis sentimientos en trazos que solo yo conocía su significado.

Quemé muchos de mis dibujos, muchas de mis libretas y finalmente me escudé en este artilugio digital. Hoy, organizando mis notas, cambiando aplicaciones, encuentro un escrito del 2017 que les comparto:

Quiero que me amen, no ser alguien necesario
No quiero que me necesiten, quiero que me valoren
Quiero que me cuiden por lo que significo y no por lo que haré después
Quiero que me escuchen, me tomen en cuenta y me demuestren afecto solo porque sí.
Quiero que me abrasen en las noches y me besen en las mañanas
Quiero que me comprendan y no me juzguen
Quiero que me escuchen
Quiero ser importante en la vida de alguien. 
Ese alguien soy yo.
Yo me amararé, solo porque sí
Yo me valoro, no me necesito
Yo me cuidaré para hacer las cosas que deseo, no las que los demás desean que haga.
Yo me escucho, lo que quiero, lo necesito y lo hago para mí.
Disfruto cada abrazo y cada beso. Los doy y los tomo cuando y como quiero.
No me importa que me juzguen, lo que yo pienso y opino es suficiente.

Han pasado cinco años desde que escribí estas líneas, hoy al volver a leerlas siento la satisfacción de llegar a ser feliz, de sentirme amada, autodependiente y sobre todo de luchar por mis sueños.

Siempre enfrentaré situaciones, la vida no es perfecta. En ocasiones sentimos como la incertidumbre nubla nuestro horizonte, pero es cuando debemos luchar con más ganas, recordarnos que somos los arquitectos de nuestro futuro y que la felicidad es una decisión que debemos tomar cada día, siendo agradecidos por todo lo que tenemos sabiendo que somos capaces de alcanzar todos nuestros sueños.

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.