Vida después del cáncer de mama: experiencias y emociones
Aquí estoy de nuevo, a las puertas de otra cita de seguimiento. Cada seis meses es lo mismo: los nervios, la espera, el miedo… Sé que debería estar acostumbrada, que forma parte de este nuevo capítulo de mi vida después del cáncer, pero no puedo evitar sentir esa ansiedad que me carcome por dentro.
En 2020 mi mundo se tambaleó. El diagnóstico fue un golpe seco. Pasé por la cirugía, la quimio, otra cirugía… Un camino duro, lleno de obstáculos, pero que logré superar gracias al apoyo de mi familia, mis amigos y los increíbles profesionales que me acompañaron.
Ahora, tres años después, sigo aquí. He vuelto a reír, a disfrutar de las pequeñas cosas, a saborear cada instante como si fuera el último. Pero hay algo que no he podido dejar atrás: el miedo. El miedo a que vuelva, a que todo se repita.
Cada pequeño dolor, cada molestia, se convierte en una señal de alarma en mi cabeza. Y aunque trato de racionalizarlo, de decirme a mí misma que es normal, que después de todo lo que he pasado mi cuerpo necesita tiempo para recuperarse, la duda siempre está ahí.
Estos días previos a las pruebas son los peores. La incertidumbre me invade. Intento distraerme, seguir con mi rutina, pero es como si una nube negra se hubiera instalado en mi mente. ¿Y si…? Esa pregunta gravita en mi mente sin cesar.
Sé que no estoy sola. Que hay muchas mujeres que han pasado por lo mismo y que comprenden esta montaña rusa de emociones. Por eso, he decidido compartir mis sentimientos aquí, con ustedes. Porque escribir me ayuda a desahogarme, a poner en orden mis pensamientos. Y porque quizás, alguien que esté leyendo esto se sienta identificada y sepa que no está sola.
A todas las que estamos en esta lucha, les digo: no nos rindamos. Sigamos adelante con valentía, disfrutando de cada momento, sin dejar que el miedo nos paralice, sin dejar de sonreír. Y sobre todo, recordando que somos guerreras y que hemos vencido al cáncer una vez, y podemos volver a hacerlo.


No responses yet