Una noticia que devuelve el aliento, una oportunidad más para vivir.

Después de mi cumpleaños número 46, entre llamadas llenas de amor y flores que me recordaban la belleza de estar viva, llegó también el peso de la incertidumbre: el PET-CT, las resonancias, los estudios que debían confirmar lo que mi cuerpo ya insinuaba.

Con el cuerpo abatido por los químicos, los radioactivos, las vías que no aparecen y una semana infernal de estudios, llego al punto de sentir angustia.

No fui capaz de buscar los resultados por mí misma. Mis hijos, mi madre, mi suegra, mis amigos, todos al pendiente de este ser que sale desbocado en busca de respuestas que ahora, solamente no quería saber.

Esta vez, preferí esperar. Esperar en silencio, con el corazón en la garganta, hasta estar sentada frente a mi cirujano.

Miguel, mi pareja, mi ángel, fue mi roca ese día.
Me acompañó todo el tiempo con una sonrisa serena y una mirada que me regalaba paz, aunque yo solo podía escuchar el tambor de mi propio corazón desbocado. En mi mente, el cine mental de los escenarios más duros se proyectaba una y otra vez.
Porque así funciona mi mente. Porque esa palabra — “Y sí” — pone todo mi mundo de cabeza.

Al llegar a la consulta, con mi carpeta de estudios apretada entre las manos, solo podía buscar en el rostro del cirujano ese gesto revelador. Ese segundo eterno en el que una expresión puede convertirse en la mejor noticia de tu vida… o en la que no quieres imaginar.

Y entonces, lo escuché:
“Es lo que estábamos esperando. Solo está en el nódulo. Podemos operar.”

¡Cuántas gracias he dado!
A Dios, a mi Virgen de la Altagracia, a los santos, a cada oración tejida con amor por mi familia, mis amigos, los amigos de mis amigos… Cada palabra de aliento, cada mensaje, cada pensamiento puesto en mi salud ha sido un hilo invisible que me sostuvo en estos días.

Sí, es una recurrencia del cáncer de mama.
No es lo que queríamos. No es lo que soñábamos.
Pero es una nueva oportunidad.
Y con eso, basta.

Dios me da un nuevo chance de luchar. Así que voy a hacerlo como la primera vez:
Con el rostro en alto. Con una sonrisa verdadera.
Con fe, con gratitud, y siempre apegada a la vida.

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.