Hoy me operaron
28 de mayo, 2025
Desperté con una tranquilidad que me desconcierta. No es falta de consciencia, es exceso de fe.
Tranquilidad nacida del amor, la esperanza y el apoyo que me ha rodeado en cada paso.
He recibido tanto…
De mi familia.
De mis amigos.
De los que me conocen por mi historia y de quienes solo conocen mi nombre.
De mis ángeles de bata blanca, que también se convierten en parte de esta red que sostiene.
Llegué a la clínica a las 8:00 a.m., sabiendo exactamente a lo que venía. Este camino no me es ajeno, pero esta vez lo transito con una conciencia distinta, más despierta. Con menos preguntas, con más entrega.

En la habitación, mi familia:
Siempre listos para hacerme reír, para distraerme del miedo, para llenar el aire de ese “espíritu arriba” que hace que incluso los minutos pesados pasen más suaves.
Y entonces, llegó el momento de ir a quirófano.
Rostros nuevos. Pero también conocidos. Un equipo que, sin saberlo, me abrazó con su profesionalismo y ternura.
La maravillosa Dra. Peña, que no solo cumplió su rol, sino que buscó alternativas, estudió mi historial, personalizó mi cuidado como si fuera su única paciente. Encontró la forma de colocar la vía, que parecía imposible. Me explicó, me miró a los ojos. Me dio paz.
El Dr. Miguel Oller y su equipo me hicieron sentir confiada. Nueva vez, examinó mi “bicho” (así le digo al nódulo), me miró con serenidad, y en esa mirada me entregó fuerzas que no sabía que necesitaba.
Una hora después, a las 11:30 a.m., ya estaba en la habitación con mi familia, todos sorprendidos por lo rápido y exitoso del proceso.
Todo el personal me ha tratado con tanto cariño, que más que paciente, me sentí cuidada.
Mañana me iré a casa.
Mis amigos y cercanos —y otros no tan cercanos— han estado pendientes, en oración, enviando mensajes, rodeándome de amor.
Están todos en mi corazón.
Mi amado equipo Viralata, esta noche me sorprendió.
Porque somos más que amigos: somos familia.
Y me lo han demostrado como nunca pensé.
Llevaron mi nombre al campo de juego, con una pancarta que decía:
"¡Fuerza Lily!"
Y ese gesto me abrazó el alma.

Hoy fue mi cirugía. Ya fue extraído. Ahora toca esperar los resultados.
Planificar. Respirar.
La próxima semana se definirán los pasos a seguir.
Hoy ganamos una gran batalla y seguimos en pie de lucha por la vida.
Porque me lo debo.
Porque se lo debo a mis hijos, a mi madre, a mi familia, a mis grandes amigos, a mi familia Viralata…
Porque estoy viva. Y quiero seguir estándolo, con todas mis fuerzas.
Gracias a cada oración, cada mensaje, cada “te quiero”, cada chiste, cada abrazo.
Gracias a mi tribu, los Viralata, que llevaron mi nombre al campo como bandera de fuerza.
Gracias a mi familia, por no soltarme.
Gracias a la vida, por esta nueva oportunidad.
Hoy me operaron.
Y volví a despertar.


No responses yet