He terminado la radioterapia.
El pasado lunes 22 de diciembre completé el proceso de radioterapia y, al hacerlo, escribí esto:
Hoy tuve mi última radioterapia.
Hoy no toqué la campana como se esperaba.
Mi campana fueron las palabras de uno de los técnicos de radioterapia que me acompañó durante estas últimas siete semanas:
“Solo deseo no verte más por aquí como paciente, que esta sea tu definitiva contra el cáncer, para que no vuelva más.”
Y eso fue suficiente. Más que suficiente.
Estas últimas siete semanas he visto todo lo conocido con otros ojos, al compartir mis historias con las de otras personas que viven procesos similares al mío. Ponerle rostro a las situaciones, escuchar, convivir y conocer el padecimiento de otros me ha permitido dimensionar la vida de una forma distinta. Me hace sentir que, en verdad, soy bendecida.
No solo por la posibilidad de mi tratamiento, sino por poder rodearme —aun en medio de la enfermedad— de tantas personas que, sin saberlo, nutren mi existencia.
Veintiocho sesiones de radioterapia IGRT y seis sesiones de boost con electrones me dejan la piel quemada, pero la fortaleza intacta. A pesar del dolor, la molestia y el cansancio, me siento más contenta y positiva que nunca, porque ahora me toca ocuparme sin preocuparme. Hacer lo que corresponde, confiar en el proceso y soltar lo que no controlo.
Todavía queda completar el tratamiento de bloqueo, y sigo adelante con la conciencia clara de que sanar no es solo un acto médico, sino también una decisión diaria. Hoy cierro una etapa importante. No con campanas ni celebraciones ruidosas, sino con una paz serena, con gratitud profunda y con la convicción de que estoy caminando hacia la vida… con todo lo que soy.
Hoy no toqué la campana.
Hoy soné por dentro.


Comments are closed