Milagro – Celebrando un cumpleaños memorable.

Estoy de cumpleaños. Hace 5 años nací de nuevo con la esperanza de no volver a recorrer este camino. Hace un año, en vísperas de mi cumpleaños 46, mi corazón solo tenía una petición.


Le pedí a Dios y a la Virgen de la Altagracia un milagro. No pedí riquezas. No pedí éxito. No pedí certezas.
Pedí algo mucho más simple y mucho más profundo: Que me dieran la oportunidad de luchar por mi vida.

En aquel momento no sabía cuál sería el resultado. Solo deseaba que el cáncer estuviera localizado, que pudiera ser operado y que existiera una posibilidad real de enfrentarlo.


Recuerdo que pasé mi cumpleaños realizándome un PET/CT, con el alma suspendida entre el miedo y la esperanza, esperando una respuesta que definiría el rumbo de mi vida.


Y el milagro ocurrió: El cáncer estaba donde podía ser tratado. Pude ser operada. Pude comenzar nuevamente la batalla. Y aquí estoy. Viva. Luchando. Esperando. Agradeciendo.


Mi deseo de cumpleaños número 47 es el mismo que ha guiado cada uno de mis días durante este último año: Mi salud.


Hoy, un año después, me encuentro a solo dos sesiones de completar mi tratamiento de bloqueo HER2.

Cada sesión ha sido un recordatorio de que sigo aquí, de que, aun en medio de la incertidumbre, la gracia de Dios se ha manifestado una y otra vez.

La cirugia, la quimioterapia, la radioterapia, el Bloqueo HER2. Este último tratamiento, al que muchas personas no logran acceder, también ha sido un milagro.

Los medicamentos para el bloque son de alto costo, solicité el tratamiento, mientras permanecía en lista de espera del programa gubernamental y nunca recibí aquella llamada, la vida encontró otra manera de sostenerme.


Quiero convertirme en una mejor madre, una mejor amiga, una mejor compañera y una mejor consultora.
Deseo seguir desarrollando mi carrera y compartir mi experiencia no solo con empresas, sino también con personas que también lo necesiten.
Quiero seguir construyendo proyectos, aportando valor y demostrando que el conocimiento, cuando se ofrece con propósito y humanidad, puede transformar vidas.


Quiero conocerme más profundamente.
Aprender a amarme como merezco.
Convertirme, finalmente, en la Liliana que siempre soñé ser.
Hoy entiendo que la vida no es una promesa garantizada, sino un regalo diario.
Cada amanecer es una nueva oportunidad.
Cada día merece ser vivido con gratitud.
Cada instante es una invitación a amar más, a preocuparse menos y a ocuparse de lo verdaderamente importante.


Ese es mi milagro.
Mi salud. Mi vida. La oportunidad de permanecer aquí. A Dios y la Virgen solicito ese regalo, mientras, seguiré agradeciendo cada día como lo que realmente es:
Una oportunidad de vivir, ocupándome sin preocuparme. Amando hasta el final.


Decidí vivir sin que el tratamiento definiera mi identidad

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.