Apego a la Vida

Un sobre
por abrir

Hay momentos en los que una hoja de papel parece contener el futuro entero. Esta es la historia de una espera, de una batalla y de una palabra que devolvió el horizonte.

Por Liliana Erickson · Julio 2026

Hay sobres que pesan más que el papel que contienen.

Hoy mi vida se sintió exactamente igual que aquel día de julio de 2020, cuando esperaba el resultado de la primera biopsia.

Recuerdo perfectamente cómo me sentí al leer aquel informe. También recuerdo cuando, en 2025, mi cirujano abrió el sobre con el PET-CT que definiría el alcance de la batalla que tenía por delante.

En ambos momentos el diagnóstico era el mismo: hay cáncer. Lo que cambiaba era el significado.

La primera vez me enfrentaba a una palabra desconocida. No sabía qué venía después. No entendía los tratamientos, los pronósticos, ni siquiera el lenguaje médico. Solo sabía que la palabra cáncer daba miedo.

La segunda vez, después de haber recorrido un camino que nunca imaginé transitar, mi mayor deseo era que aquel cáncer estuviera contenido en un solo lugar. Que ese nódulo pudiera extirparse. Que existiera la posibilidad de volver a empezar.

Ese fue el milagro que le pedí a Dios. No que el miedo desapareciera, sino que me dieran la oportunidad de luchar.

Y entonces llegó otro sobre.

Esta vez no estaba frente a un diagnóstico. Estaba frente a una respuesta.

Mientras Miguel iba camino a buscar el resultado del PET-CT, yo esperaba en casa con una mezcla imposible de explicar.

Esperanza. Incertidumbre. Fe.

Y todos esos “¿y si…?” que inevitablemente empiezan a aparecer cuando sabes que un par de hojas pueden cambiar el rumbo de tus próximos meses.

Durante esa espera pensé mucho en algo.

Un resultado no define quién soy. No define quién seguiré siendo. No tiene ese poder.

No mide mi valentía.

No resume todo lo que he vivido.

No cuenta las noches de miedo, las lágrimas, las cirugías, las sesiones de quimioterapia, la radioterapia, ni las personas que me sostuvieron cuando yo ya no podía sostenerme sola.

Solo responde una pregunta.

La mía era muy sencilla.

Quería ganar. No porque estuviera segura de no poder seguir, sino porque ya no quería más batallas.

No porque no estuviera dispuesta a seguir luchando si era necesario.

Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, quería dejar de vivir con el cáncer ocupando un asiento permanente en mi mesa.

Quería volver a hacer planes sin pensar en el próximo estudio.

Quería mirar hacia adelante sin sentir que cada alegría tenía una fecha de vencimiento.

Quería que esta historia tuviera un buen final.

Cuando Miguel regresó, el sobre seguía siendo solo un sobre.

Hasta que dejó de serlo.

Lo abrimos.

Y leí una frase que jamás olvidaré.

El resultado

“Sin evidencia de malignidad metabólicamente activa.”

“Resolución de nódulo hipermetabólico a nivel interpectoral izquierdo.”

Tuve que leerla dos veces.

Luego una tercera.

Y entonces entendí.

El nódulo que había cambiado mi vida ya no estaba allí como enfermedad activa.

No era un sueño.

No era una interpretación optimista.

Era exactamente lo que el informe decía.

Lloré.

No porque el miedo desapareciera para siempre.

Quien ha vivido un cáncer sabe que los controles seguirán existiendo. Sabe que la palabra seguimiento pasa a formar parte del vocabulario de la vida.

Pero ese día comprendí algo muy profundo.

No todos los finales felices son finales perfectos.

A veces un final feliz consiste, simplemente, en que después de años de incertidumbre alguien te diga que, hoy, no hay evidencia de enfermedad activa.

Ese día no terminó mi historia.

Terminó un capítulo.

Uno muy largo.

Uno que me enseñó más sobre la vida de lo que jamás hubiera querido aprender.

Y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía volver a mirar hacia adelante.

No para olvidar el cáncer.

Sino para dejar de permitir que fuera él quien escribiera cada página de mi vida.

Porque hay sobres que contienen diagnósticos.
Y hay sobres que devuelven horizontes.

Este día, el mío hizo exactamente eso.

Liliana Erickson Apego a la Vida

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.