Hoy quiero abrir mi corazón y contarles cómo me siento. Estoy en esos días del chequeo semestral, y la ansiedad me tiene abrazada, apretando fuerte. Hay un resultado que no fue el que esperaba, y aunque trato de mantener la esperanza y la fe, confieso que estos días no son fáciles. Siento que cada célula de mi cuerpo recuerda el miedo y la angustia de aquel primer diagnóstico, como si el tiempo se hubiera detenido otra vez.

Es increíble cómo la memoria emocional se activa. Basta un resultado fuera de lo habitual, para que vuelvan esos pensamientos oscuros, ese nudo en la garganta, esa sensación de que el aire pesa más. Me descubro reviviendo las noches de insomnio, las lágrimas silenciosas, las preguntas sin respuesta. Me pregunto si alguna vez podré dejar de temerle a estos controles, si algún día podré vivirlos con la misma naturalidad con la que otras personas se hacen un chequeo de rutina. Casi me creí en la rutina de los exámenes semestrales y ahora descubro que soy frágil.

Pero también sé que no estoy sola. Sé que muchas de ustedes, quienes leen estas palabras, han sentido lo mismo. Nos une un lazo invisible, hecho de cicatrices, de valentía y de una sensibilidad especial para entender el valor de cada día.

En estos momentos, me aferro a lo que me sostiene, mi familia, mi trabajo, aquellos que siempre están para mí; respiro hondo, trato de no pelearme con mi ansiedad, sino abrazarla como parte de mi proceso. Hablo con quienes me quieren, les cuento mis miedos sin vergüenza, porque aprendí que compartir, aligera la carga. Me permito llorar si lo necesito, porque sé que las lágrimas también limpian el alma.

A veces me siento frágil, pero también reconozco la fuerza que hay en mí. La esperanza y la fe no me abandonan, aunque a veces se escondan detrás de la preocupación. Me repito que cada control es un acto de amor propio, una forma de cuidarme y de apostar por mi vida. Y aunque no sé qué pasará, confío en que, pase lo que pase, sabré afrontarlo.

Si tú también estás esperando un resultado, si el miedo te visita en las noches, quiero que sepas, que te entiendo, que te abrazo desde aquí. No estás sola. Juntas, aunque sea en la distancia, podemos sostenernos. Permítete sentir, busca apoyo, y no te olvides de ser amable contigo misma.

Gracias por estar, por leerme, por permitirme ser vulnerable. ¡Seguimos adelante, con apego a la vida, con la certeza de que cada día es un regalo!

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.