Preparando la quimio otra vez, pero desde otro lugar
Ya estoy de alta tras la cirugía. Me retiraron los puntos, el dolor ha cedido… aunque la movilidad sigue siendo limitada, y las ganas de acelerar el proceso me comen por dentro.
La paciencia nunca ha sido mi fuerte. Mi mente vuela entre escenarios posibles y sus desenlaces, llevándome a proyectar planes ante cualquier situación o evento. Esa capacidad ha sido una herramienta en mi trabajo… pero muchas veces, un dolor de cabeza en mi vida personal.
Los años, la experiencia, y una pareja que es mi “yang”, me han enseñado a estar más presente. A respirar. A quedarme aquí y ahora.
Esta vez decidí no analizar más los resultados, ni las biopsias. No desde la negación, sino desde la paz. Una paz que me permite enfrentar lo que venga sin anticiparlo todo.
Ya todo está sobre la mesa —o sobre el escritorio de mi oncólogo. Vamos a quimioterapia otra vez, con un nuevo esquema de tratamiento para enfrentar esta enfermedad… esta enfermedad que no acepto.
En los próximos días el oncólogo me entregará el esquema final del tratamiento y me colocan el puerto para la quimio (Es imprescindible, sobre todo por todo lo vivido); Y a finales de este mes, comienza el tratamiento.
Estoy viviendo este proceso otra vez. Desde otro lugar, otro escenario. Pero, en esencia, es lo mismo. A pesar de nuevos medicamentos, a pesar de un nuevo enfoque, estoy en el mismo punto de hace cinco años: luchando por mi vida.
Un déjà vu que duele… porque sí lo viví. Solo que ahora me aferro con más fuerza a tener los mismos resultados a corto plazo —vencer el cáncer, estar limpia al final del tratamiento— pero con un anhelo profundo de un resultado diferente a largo plazo: erradicar completamente la enfermedad y no volver a pasar por esto nunca más.

Hoy me permito vivir este proceso con más conciencia, menos resistencia y una fe distinta: una que no exige explicaciones, pero sí propósito. No sé qué vendrá después, pero sí sé que cada día cuenta. Y mientras siga aquí, elegiré caminar esta ruta con esperanza, dignidad y el corazón bien despierto.


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