Hace unas semanas fui a Higüey a dar gracias.

Durante mucho tiempo imaginé este momento: llegar a los pies de la Virgen de la Altagracia y poder decirle, finalmente: gracias.

Gracias por acompañarme en el miedo, en la incertidumbre, en los días difíciles y también en aquellos en los que volví a sentir esperanza.

Hoy puedo decir que estoy libre de cáncer.

Y después de todo lo vivido, esas palabras tienen un significado que es difícil explicar.

Fui a la Basílica con el corazón lleno de gratitud. Por la vida. Por mi familia. Por los médicos y todas las personas que fueron parte del camino. Y, desde mi fe, por la intercesión de la Virgen, a quien tantas veces confié mi salud cuando había cosas que simplemente escapaban de mis manos.

No sé qué traerá el futuro. Nadie lo sabe.

Pero sí sé lo que le pido a Dios: que esta historia con el cáncer haya terminado aquí. Que no tenga que volver a recorrer este camino.

Me quedo con la vida que tengo delante, con todo lo que todavía quiero vivir y con una gratitud inmensa por haber llegado hasta aquí.

Virgencita de la Altagracia, gracias por acompañarme.

Y que, si Dios quiere, de ahora en adelante mis visitas sean solamente para darte gracias.

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Quien Soy

Creadora de Apego a la Vida

Liliana Erickson, Apegada a la vida.

Sobreviví al cáncer… Y a despedidas que no hicieron ruido.
Hoy regreso a la batalla con el alma curtida, la esperanza intacta y el corazón aprendiendo a florecer de nuevo.
Dispuesta a empezar un millón de veces, pero nunca a rendirme.