Seis semanas entre tratamientos, silencios y nuevas fuerzas
Han pasado seis semanas desde mi última publicación, y aunque a veces siento que el tiempo se me va entre citas médicas, rutinas nuevas y cansancio acumulado, también reconozco que en estas semanas ha pasado mucho dentro de mí. Hoy quiero dejar aquí un recuento honesto de este tramo del camino: lo que ha cambiado, lo que he aprendido y cómo se siente realmente avanzar en este proceso.
Cerrar un ciclo y abrir otro
Mi tratamiento completo abarca un año y está compuesto por tres fases. Inició con dos etapas simultáneas: la quimioterapia con Docetaxel por seis ciclos de tres semanas, junto con la “Terapia Dirigida” o "Bloqueo HER2″ (Trastuzumab + Pertuzumab), que continúa durante todo el año con la misma frecuencia.
Después de finalizar la quimioterapia el 10 de octubre —ese tratamiento que esperaba terminar con ansias porque mi cuerpo y mi alma ya pedían descanso de la rutina de levantarme a las 5 a.m. para empezar el proceso como temprano a las 10 a.m.— me quedé solamente con el bloqueo HER2.
Aunque no lo diga abiertamente en el post, tú que estás aquí conmigo sabes que esta vez el proceso emocional era distinto. La quimio fue difícil, y yo necesitaba sentir que la siguiente etapa sería mejor… más humana, más digna, menos traumática.
Un cambio que sí hace la diferencia
A partir de la séptima sesión decidí continuar este tratamiento en IntraCare, un centro que me queda más cerca de casa y cuyo trato ha hecho una diferencia enorme. No se trata solo de medicina, sino de cómo te hacen sentir mientras la recibes.
Allí encontré algo valioso para mí —y que puedo decir con confianza que sería valioso para cualquier persona que está viviendo este proceso—: atención con respeto, procesos organizados y claros, cero complicaciones con el seguro, tiempos razonables, personal cálido y un ambiente que no te carga emocionalmente.
Sigo llegando a casa cansada entre pre medicaciones y tratamientos, pero al menos la experiencia no me drena de esa forma tan pesada que viví al inicio. Y eso, para quien atraviesa procesos largos, significa muchísimo.
Radioterapia: lo que no se ve, pero se siente
La radioterapia comenzó el martes 4 de noviembre, tres semanas después de la última quimio, como debe ser. Es un proceso completamente indoloro, rápido y rutinario.
Al principio me impactó la cantidad de personas que pasan por Radonic cada día. Es un centro con historia, accesible, y eso hace que llegue mucha gente.
Y entre la multitud de pacientes de tantas realidades distintas, yo tenía momentos en los que pensaba:
“¿Qué hago yo aquí? Yo que tenía otros planes, otro futuro en mente…”
Pero con el tiempo, esa multitud se volvió una sonrisa, una mano que apoya y un grupo de personas donde vemos nuestra humanidad en las miradas que se cruzan sin hablar, en los silencios que dicen “yo también estoy luchando”, en el personal que intenta hacerlo llevadero y en la rutina que simplemente se vuelve parte de la vida.
Desde la recepcionista, la doctora que maneja mi caso en el centro, el área administrativa y los técnicos del área de tratamiento, hasta hoy he recibido un trato amable, empático y solidario.
El grupo de las 7 a.m. (la hora de mi tratamiento diario de lunes a viernes por 34 sesiones) ya nos hemos ido conociendo, contando nuestras historias, a veces nuestros miedos, pero sobre todo nuestras esperanzas y sueños.
Hoy fue mi radioterapia 13 de 34, ya casi la mitad. También fue la primera vez que recibí la terapia anti-HER y la radioterapia el mismo día. Un día pesado… pero también un recordatorio de que sigo avanzando, aunque sea de a poquito.
Entre avances, cansancio y pensamientos nuevos
Aunque el cuerpo se siente agotado, emocionalmente también he ido haciendo espacio para entender lo que viene después: lo que quiero para mi vida, para mi trabajo, para mi paz, para mis días.
La enfermedad no solo te cambia el cuerpo; te ordena prioridades, te limpia el ruido, te enfrenta contigo misma. Y a veces duele. Pero también te despierta.
No me siento enferma; al contrario, me veo como vencedora de nuevo de este reto. Sigo al pie de la letra este tratamiento para darme la oportunidad de erradicar la enfermedad y no volver a vivir este proceso. Sin embargo, el cuerpo se cansa.
Aunque mantengo un ánimo que para muchos es algo increíble, sigo creyendo que tengo mucho que hacer, vivir y experimentar. Tengo planes y una historia que contar, por lo que es mi compromiso superar esta etapa para continuar con la vida que quiero tener.
He ordenado mis días para dedicar tiempo estructurado que me permita balancear el trabajo (no he dejado de trabajar, y nuevas situaciones me obligan a no dejarme caer), el tiempo de descanso que exige mi cuerpo, los horarios de la radioterapia —que son diarios— y mi espacio para agradecer y ser una con el universo.
No sé cómo se ve el futuro con exactitud, pero sé que le estoy haciendo un espacio más consciente, más sensato y más mío. Sigo en tratamiento, sí. Sigo en radioterapia, sí. Pero también sigo viva, despierta y con ganas de que cada etapa me encuentre siendo un poquito más auténtica.
Gracias por acompañarme, por leerme, por estar.
Nos seguimos abrazando en el camino.


No responses yet